Uno de los primeros pasos para aquellos que quieren perder peso de una manera sana y definitiva es hacer una reeducación alimenticia para mejorar su relación con la comida y así poder comer todo, pero en la medida justa.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la reeducación alimentaria no es una dieta. Se trata principalmente de cambiar los hábitos para tener una dieta más saludable, lo que resulta en un adelgazamiento (si este es el objetivo) y en una mejora de la salud en varios aspectos, tanto físicos como mentales.

¿Por qué apostar por la reeducación alimentaria?

El gran villano de la salud de hoy en día es la obesidad. La Organización Mundial de la Salud señala el problema como uno de los mayores problemas de salud pública del mundo. Para tener una idea, se estima que para 2025 había unos 2.300 millones de personas con sobrepeso, además de más de 700 millones de individuos obesos.

Sin mencionar el número de niños con sobrepeso y obesidad, que sólo está creciendo en los últimos años. Hoy en día, en América del sur, más del 50% de la población se enfrenta al dilema del sobrepeso.

¿Por qué los casos de sobrepeso aumentan en la población?

¿La razón? Somos más sedentarios que nunca, gracias a una intensa rutina de trabajo, estudios, poco movimiento y falta de atención a lo que comemos. En las prisas, es normal preferir una merienda rápida con poco valor nutritivo. Los productos industrializados se han convertido en algo más común que las comidas preparadas en el lugar. 

Esta información puede parecer atemorizante y esta es la intención, porque hay una necesidad de reeducación alimentaria. Y es esencial no sólo para aquellos que necesitan perder peso.

 La reeducación está indicada para cualquier persona, ya sea que quiera perder peso, ganar músculos o cualquier otra meta, porque se aprende a comer en los momentos adecuados, qué consumir y en qué cantidad para cada individuo.

Cómo funciona la reeducación alimentaria y para quién está indicado

Si cree que necesita revisar sus hábitos, debe consultar a un nutricionista para evaluar su vida y su rutina de alimentación. El profesional le pedirá algunas pruebas básicas para ver cómo está su salud y le hará una serie de preguntas para saber cómo funciona su relación con los alimentos.

Con esta información se podrá elaborar un programa personalizado de reeducación alimentaria para que comer de forma saludable sea un hábito y no una obligación. Muchas personas pasan sin comer durante horas o dejan de consumir un determinado alimento porque piensan que perjudicará su dieta. La reeducación alimentaria ayuda a equilibrar esta relación con la comida, la mayoría de la gente no sabe cómo alimentarse adecuadamente, y advierte de la necesidad de reeducación para los niños, que desde la infancia tienen contacto con una oferta de alimentos industrializados perjudiciales para la salud.

Beneficios de la reeducación alimentaria

·        Adelgazamiento

Para aquellos que apuntan a este objetivo, la reeducación alimentaria (preferentemente, siempre combinada con otras prácticas saludables como los ejercicios físicos y el sueño nocturno de calidad) será primordial. Pero tenga paciencia, porque los resultados no vienen del día a la noche y todo dependerá de factores genéticos y otros hábitos de su vida.

·        Control de peso

Aprendiendo a comer correctamente y de acuerdo con sus necesidades y objetivos nutricionales, es más fácil mantener su peso ideal sin preocuparse por las manos de la báscula y el efecto acordeón típico de las dietas «milagrosas».

·        Ayudar en el tratamiento de los trastornos de la alimentación

Compulsión, bulimia, anorexia, culpa por comer algo porque crees que vas a engordar. Estos son algunos trastornos y sentimientos que pueden ser controlados con la reeducación alimenticia (en algunos casos, asociados con el apoyo psicológico para tener éxito). La razón es que aprendes a priorizar la salud a través de lo que pones en tu plato.

Consejos simples que pueden marcar la diferencia

Si bien la ayuda profesional es indispensable para el éxito y los beneficios, algunas actitudes sencillas pueden ser un punto de partida en su viaje de transformación de hábitos. Aquí hay algunos:

·        Beber más agua

En una rutina problemática, es normal olvidarse de la hidratación. Cuando se bebe más agua, uno se siente más satisfecho y el cuerpo se lo agradece: los riñones, el sistema circulatorio y la piel, por ejemplo, son los más afectados cuando se bebe poca agua. Un consejo es poner el despertador en el teléfono móvil como recordatorio para hidratarse.

·        Realizar sustituciones inteligentes

¿Eres un adicto a los refrescos? Luego, reducir gradualmente la cantidad de la bebida azucarada, igualmente dañina en las versiones dietética y ligera debido a los conservantes, el sodio y otros componentes químicos. Si bebe en cada comida, limítese a una sola. Siempre que tenga la oportunidad, trate de cambiarlo por jugos naturales, que son una alternativa saludable y sabrosa. Lo mismo se aplica a un dulce fuera de hora: ¿qué tal si comemos una fruta o una barra de proteínas?

·        Evite saltarse las comidas

Permanecer durante largos períodos sin comer puede ser perjudicial para el metabolismo, que se ralentiza para «mantener» las reservas de energía. En general, se recomienda comer cada tres horas, tomando bocadillos entre las comidas más grandes. La fruta, las vitaminas y los jugos son algunos ejemplos de comidas intermedias.

·        Evaluar el hambre y la voluntad de comer

Si surge un deseo absurdo de comer un determinado tipo de alimento, como un chocolate o un postre extra durante el día, es importante tratar de entender: ¿es esto hambre o deseo de comer? Esto ayuda a evitar tomar decisiones impulsivas y a volver a una opción de alimentación más saludable.

·        Duerme bien

Las irregularidades del sueño tienen un efecto negativo en el sistema metabólico y reducen considerablemente la disposición diaria a hacer ejercicio. Los estudios científicos han demostrado que la privación del sueño altera las hormonas que llevan a las personas a comer más. Las directrices nacionales e internacionales indican al menos ocho horas de sueño por día.