Te invitamos a leer este artículo lleno de esperanza, donde podrás conseguir oraciones como Oración dulce Madre. Para alabar a la Virgen María; te recomendamos dedicar minutos de tu tiempo a hablar con María Madre de Dios.

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Oración dulce Madre y reina del universo:

«Amada, bendita y pura Madre, tus ojos son reflejo de toda la pureza y divinidad que existe en el universo; en tus ojos encuentro otro mundo donde solo reina la fragilidad femenina y la dulzura que regala una Madre. Tú que ahora te encuentras en el cielo, le das color carmesí a las nubes, todo es más dulce, todo resplandece a tu lado.

Yo, Madre adorada, no te percibo lejos, tú me habitas y estás agazapada en el fondo de mi alma; en cada mirada de nobleza siento como tus manos suaves acarician mi rostro con amor bendito de Madre.

Oh dulce Madre, no me abandones nunca, no te alejes de mi lado. Deseo que tu mirada me acompañe siempre, esa mirada de dulce Madre. No nos desampares a nosotros tus hijos jamás; llévanos de tu mano por el buen camino y permítenos encontrarnos con tu hijo Jesucristo al final de nuestro trayecto, más allá de la vida, más allá de la muerte.

Cuanta dulzura hay en ti, me la transmites, me alimentas con ella. A tu lado, oh dulce Madre, me siento resguardado en madriguera, soy tu hijo y vivo bajo tu bendición y la del Padre todo poderoso; quién te eligió a ti por tu pureza y gracia para ser Madre de Jesús, fruto bendito de tu vientre.»

Oración dulce Madre del Dios omnipotente:

Dulce María, Virgen sagrada y de pureza incuestionable; dejo en tus manos como una humilde ofrenda mi vida, alma y corazón, para que siempre me cubras con tu manto y me mires con compasión, no me abandones Madre mía, dame tu bendición que siempre estoy dispuesto a recibirla.

Dulce Madre, tú mi reina, libre de pecado y virgen concebida; eres la estrella más grande del universo, elegida por Dios para iluminar mis días y el camino de mi vida, eres perfecta y contagias dulzura, calma y felicidad. A veces, me encuentro enceguecido por las tinieblas, hambriento de la palabra de Dios y sin rumbo seguro; pero confío que ahí estarás tú, dulce Madre para ser mi brújula en el camino.

No permitas que me aleje de la bondad de tu hijo Jesús, no me dejes desviarme del camino que conduce al santo Padre; llama mi atención como lo haría una madre con su pequeño, con la única intención de resguardarlo y orientarlo por el camino del bien. Te suplico de rodillas, amada Madre mía, que me alejes de la vanidad y de los malos deseos.

 

Este recorrido de mi vida, no ha sido fácil, tú lo sabes; pero estoy agradecido con Dios Padre por el don de la vida, quiero aprovechar este regalo que me ha permitido gozar, llenándome de esperanza, pero yo solo no la consigo siempre; sé tú dulce Madre María Virgen, quién me dé el empujón cada mañana para llenarme de ansias del porvenir.

Quiero sentirme de nuevo como un niño, lleno de nobleza y de pensamientos inocentes, dulce, pequeño, sin prejuicios ni condenas; hazme un buen hijo de Dios, un hijo que tenga estas características de niño para servirle leal y puramente, por favor Dulce Madre mía.

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Continuación:

Soy devoto a ti dulce Madre, sé tú quien escriba mi vida, pues como buena Madre sé que quieres el mejor porvenir para mí; no estoy inmune de caer, algunas veces más profundo y fuerte que en otras oportunidades, cada caída debe ser una lección a aprender. Te suplico que me des valor y fortaleza para levantarme en cada tropiezo, pues estoy dispuesto a caer cuantas veces sea necesaria para demostrarte la nobleza y humildad que puedes implantar en mí.

Porque solo quiero eso, dulce Madre, vivir bajo tu manto de bondad, le ruego al Santo Padre que me permita convivir en una familia llena de tu luz y de tu gracia divina. Deseo tener la oportunidad de criar a mis hijos bajo la palabra de Dios, para que ellos, al igual que tu hijo Jesús, sean nobles servidores del Padre creador del universo.

Oh dulce Madre, ningún hijo tuyo ha acudido a tus brazos en vano, es que solo tú mujer eres misericordiosa y auxilio de los cristianos, acudo a tu protección implorando socorro, no me abandones nunca santa Madre, sin ti no encuentro el verdadero camino al servicio de Dios. Madre bendita y virgen María, dame una pizca de tu bondad para ver a mis hijos con el amor que tú nos ves a nosotros.

Perímeteme el don de ver a cada niño del mundo con ojos de bondad; resguarda Madre nuestra a aquellos tus hijos que no cuentan con un techo para dormir esta noche, sé tú su abrigo; te suplico santa Madre de Dios que seas el pan caliente en la mesa de todo cristiano, pues esta noche muchos de tus hijos no tendrán alimento espiritual ni pan para su mesa.

Sigue luchando sagrada Madre para derrotar la oscuridad, bríndanos tu luz y calor de Madre amorosa. Acoge en tu regazo a los inmigrantes, sé tú su nuevo hogar y nación, ampara a los enfermos, sánalos y dales la oportunidad de curar con esperanzas de esperar la muerte en el momento indicado sin temerle, porque tú nos garantizas que la muerte es amiga de la vida eterna.

Me encuentro arrepentido de mis pecados, he alejado a Dios de mi corazón y eso me hace sentir terrible. Dame buen juicio para no permitir una vez más que entre en mi la vanidad y la maldad, no permitas que pisotee a mis hermanos para mi egoísta beneficio. Permíteme caminar Madre Santa con la frente en alto porque sabré que he obrado bajo tu mirada de amor y compasión.

Escucha mis súplicas, abriga mi hogar bajo tu manto y permítenos ser contagiados por tu bondad y justicia. Danos paz en el hogar y bríndanos el don de amar a nuestro prójimo; gracias por traer a este mundo a tu hijo Jesús para lavarnos de pecados; no permitas jamás que haya sido en vano, sigue inculcándonos bondad para repartir al mundo bajo el gran poder de Dios.

Amén.

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