Lo misterios gozosos son meditados en reflexión, para la interpretación del mismo con respecto a la vida. Por lo que te invitamos a hacer la lectura de este artículo.

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Misterios gozosos mediatos e interpretados

A continuación exponemos los misterios gozosos meditados junto con una interpretación sobre los relatos correspondientes a cada misterio:

La Anunciación del Ángel a María o la Encarnación del Hijo de Dios

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”

Pero ella estaba muy preocupada por lo que se dijo y se preguntaba qué significaría este saludo. Entonces el ángel le dijo: “María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios. He aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

María dijo: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho”. Después la dejó el ángel. (Lucas 1, 26-33.38)

María, por voluntad propia decide afrontar el mandato de Dios teniendo también la opción de negarse al mismo. El libre albedrío demuestra la humanidad de María, y el aceptar el plan de Dios representa la fe y confianza de la humanidad en Dios.

La Visitación de María a Santa Isabel

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»  (Lucas 1, 39-45)

María al llegar a casa de su prima, es recibida por ésta llena del Espíritu Santo y el niño que llevaba en su vientre la saluda con devoción.

María sobrepone sus propios intereses para ayudar a los demás; dando como reflexión que a pesar de las situaciones siempre podemos estar en disposición de ayudar a quien lo necesite. Se nos otorga el don de la empatía para poder tomar conciencia y ayudar. Puede interesarte Oración a San Alejo.

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El Nacimiento de Jesús

Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será de mucha alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» (Lucas 2, 6-12)

Cualquier lugar del mundo es “Belén”, lo importante es la presencia de Jesús. Se refleja sabiendo que el salvador del mundo no necesitó más que un pesebre humilde para venir al mundo y cambiarlo con amor. Explicado de otra forma, solo se necesita fe para obrar a favor del Señor.

La Presentación en el Templo

Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras: “Ahora Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz, como le has dicho. Porque mis ojos han visto a tu salvador, que has preparado y ofreces a todos los pueblos, luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.” (Lucas 2,25-32)

Se interpreta como lo que todo feligrés desea, poder ver y ser presentado ante Jesús. Simeón ya puede morir en paz pues vio al salvador del mundo. Millones de personas intentan conectar su fe con el Mesías y así poder descansar eternamente tranquilos al saber que estuvieron y presenciaron espiritualmente a Jesús.

El Niño Jesús hallado en el Templo

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos». Él les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?» Pero ellos no comprendieron esta respuesta. (Lucas 2,41-50)

Es un ejemplo de Jesús para el resto de sus hermanos. Por más días de búsqueda que iniciaron María y José, él siempre estuvo junto a su padre. Sin perder la calma sabiendo que su padre lo amparaba y cuidaba a medida que pasaba el tiempo. Una tranquilidad que transmitía y expresaba como quien camina al lado de Dios.