Los terribles dos años de tu bebé

A los dos años, el pequeño deja de ser un «bebé pequeño». Se hace poco a poco más sociable, independiente y desarrolla un fuerte sentido de identidad. Todo esto puede motivar las pataletas, fase que puede perdurar hasta cuatro años.

Al par de años, los pequeños son egocéntricos y difícilmente admiten un «no» como contestación.

Llenas de deseos y deseos que todavía no pueden interpretar, viven en un planeta súper estimulante y también inevitablemente procuran lograr todo cuanto desean de sus progenitores.

Por otro lado, adquieran una libertad extraordinaria: andan, comen solos, tienen amigos, conviven con otras personas que no son parte de la familia a lo largo de muchas horas al día, desarrollan gustos propios y no admiten la palabra «no» ni ser contrariadas.

La pataleta como forma de expresión

La mayor parte de las veces, las pataletas son una forma de llamar la atención de los progenitores. O bien por el hecho de que desean un juguete, pues desean comer otro dulce que sus progenitores rechazan o bien pues desean algo que deben lograr en ese instante.

Mas asimismo son una señal de frustración. El pequeño todavía no puede autorregularse y supervisar sus emociones y carácteres.

Los «terribles dos años» pueden comenzar a los dieciocho meses y perdurar hasta los cuatro años. Por norma general, todos y cada uno de los pequeños pasan por esa etapa, mas con diferente intensidad. Ciertos pequeños no saben lo que es hacer un enfado, otros lo emplean con cierta frecuencia para expresarse, para despertar la atención de sus progenitores o bien para procurar conseguir lo que desean.

Lógicamente, la manera en que los progenitores manejan las pataletas y la congruencia con la que resuelven los enfrentamientos y forman a sus hijos influye en el comportamiento de los pequeños y en la manera en que aceptan y reaccionan a las negativas.

La pataleta asimismo es parte del desarrollo del pequeño.

La diferencia entre los adultos y los pequeños es que podemos delimitar lo que resulta prioritario y transformarlo en objetivos que planeamos y aguardamos lograr con el tiempo.

Un pequeño de dos años todavía no tiene esa habilidad. Si deseas algo, debes hacerlo en ese instante. Solo después va a aprender a manejar sus emociones y se percatará de que la vida está hecha de logros, lo mismo que de frustraciones. Y esto es responsabilidad de los padres.

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