La amebiasis es un padecimiento adquirido por un parásito bastante común y de fácil contagio. Suele ser una enfermedad bastante frecuente a nivel mundial, por su fácil contagio como agente patógeno, se debe tratar ya que puede traer múltiples complicaciones y ocasionar la muerte.

amebiasis

¿Qué es la amebiasis?

Se entiende como amebiasis a una enfermedad causada por un parásito unicelular llamado Entamoeba histolytica. Los síntomas de amebiasis generalmente son heces blandas, cólicos abdominales y dolor de estómago. Sin embargo, la mayoría de las personas con amebiasis no experimentarán síntomas significativos.

Los quistesx de Entamoeba suelen tener una sobreviviencia de hasta 31 días en el suelo o 45 minutos debajo del tejido celular que se encuentra en las uñas. Cuando se invade el recubrimiento del intestino se puede ocasionar diarrea con sangre, ya que si el parásito invade el torrente, se puede diseminar mediante toda la anatomía humana, frecuentándose usualmente en el hígado por lo cual ocasiona abscesos hepáticos amebianos. Los abscesos hepáticos pueden suceder sin presentar diarrea previa.

El diagnóstico de la amebiasis es bastante característico mediante el examen de heces con un microscopio, pero no suele excluir de forma confiable la infección o dividirse en clasificaciones diferentes. Existen aumentos al momento que se recuenta los glóbulos blancos, pero únicamente en casos graves, la evaluación más precisa suele ser hallar anticuerpos específicos en los vasos sanguíneos, pero pueden permanecer específicos luego del tratamiento, la colitis bacteriana suele originar síntomas bastante parecidos, en ocasiones puede confundirse con una colitis normal o una colitis ulcerosa.

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Asimismo, cuando se habla de la prevención de la amebiasis, no se trata de mejorar las normas de higiene únicamente, ya que estas incluyen buen aseado con división correcta al momento de manipular alimentos, agua o heces, no existe una vacuna para prevenirla. Y según la localización de la amebiasis, puede tratarse con metronidazoltinidazol, nitazoxanida, deshidroemetina o cloroquina si la infección perjudica directamente los tejidos, o si es luminal se utiliza el diloxanida o yodoquinolina.

Por consiguiente, el tratamiento suele tener altos índices de eficacia en cualquier etapa del padecimiento, aunque evidentemente entre más severa más fuerte los signos clínicos, los pacientes que están infectados pueden trasmitir el parásitos a otros, por lo que se considera otra especie de tratamiento. Si el tipo de parásito no es E. hystolica, no es necesario un tratamiento específico. 

La amebiasis es un tipo de padecimiento que está en todas las regiones a nivel mundial, se conocen estadísticas que indican que hasta 485 -115 millones de persona al año pueden estar perjudicadas con amebiasis. Aunque estas están provocadas por E. dispar que es un tipo de parásito más usual, y sus casos suelen ser asintomáticos, que es lo más común en este tipo de parásito. Asimismo, la amebiasis se vio por primera vez en 1875, y a medida que transcurrió el tiempo fue descrita con detalle, por lo que se arrojo como consecuencia los términos médicos como disentería amebiana y absceso hepático amébico.

Amebiasis en infantes

La amebiasis es una enfermedad intestinal que normalmente se transmite cuando los niños comen o beben algo que está contaminado con un parásito microscópico llamado Entamoeba histolytica (E. histolytica). El parásito es una ameba, un organismo unicelular. Así es como la enfermedad recibió su nombre.

En muchos casos, el parásito vive en el intestino grueso de un infante sin causar ningún síntoma. Pero a veces, invade el revestimiento del intestino grueso, causando diarrea sanguinolenta, dolores de estómago, calambres, náuseas, pérdida de apetito o fiebre. En casos raros, puede diseminarse a otros órganos, como el hígado, los pulmones y el cerebro.

La amebiasis generalmente ocurre en áreas donde las condiciones de vida están abarrotadas y donde no hay un saneamiento adecuado. La enfermedad es muy prevalente en partes del mundo en desarrollo, incluidos África, América Latina, India y el sudeste asiático. Es raro en los Estados Unidos y Europa, se presenta principalmente en inmigrantes, viajeros recientes a países de alto riesgo y personas con VIH / SIDA.

La mayoría de los niños que contraen amebiasis tienen síntomas mínimos o nulos. Cuando los niños se enferman, tienen  dolor abdominal que comienza gradualmente, junto con evacuaciones intestinales sueltas o acuosas, calambres, náuseas y pérdida de apetito. En algunos casos desarrollan fiebre y, posiblemente, heces con sangre.

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Para algunos infantes, los síntomas de la amebiasis pueden comenzar a los días o semanas de ingerir alimentos o agua contaminados por amebas. Para otros, los síntomas de la amebiasis tardan meses en aparecer o nunca aparecen. La amebiasis es contagiosa, donde las condiciones de vida y la calidad suele ser paupérrima, al igual que la higiene, las probabilidades de que la infección se transmitade persona a persona son más altas.

Alguien que porta amebas en sus intestinos puede pasar la infección a otros a través de las heces. Cuando las heces infectadas contaminan los alimentos o el suministro de agua, la amebiasis puede propagarse rápidamente a muchas personas a la vez. Esto es especialmente cierto en los países en desarrollo donde el agua potable puede estar contaminada.

También se puede transmitir entre las personas a través del lavado de manos inadecuado, el uso de los mismos objetos y el contacto sexual, y además no existe vacuna alguna para prevenir la amebiasis. Esto se debe, a que las amebas pueden contaminar alimentos o agua, puede ayudar a prevenir la enfermedad teniendo cuidado con lo que come y bebe su niño, especialmente en los países en desarrollo, donde una buena regla con respecto a los alimentos es cocinarla, hervirla, pelarla u olvidarla.

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Si su médico sospecha que su hijo tiene amebiasis, se le puede pedir que recolecte muestras de heces. Después del diagnóstico, el tratamiento generalmente requerirá la consulta con expertos apropiados, como los que se encuentran en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del país  u otros especialistas en enfermedades infecciosas.

Debe contactar a su médico si su hijo tiene signos o síntomas de amebiasis, que son:

  • Diarrea con sangre o moco
  • Dolor abdominal
  • Fiebre
  • Abdomen distendido
  • Dolor o sensibilidad en el área del hígado (debajo de las costillas en el lado derecho)

Esto es especialmente importante si viajó hace poco a una parte del mundo donde la amebiasis es usual. También se debe examinar a su hijo para ver si existen posibilidades de que se otro tipo de enfermedad. Se puede confundir con una bacteria en el estómago o gastritis crónica por la sintomatología similar.

Fisiopatología

En otros orden de ideas, pocos organismos son más acertadamente nombrados que Entamoeba histolytica, un parásito protozoario intestinal que puede lisar y destruir el tejido humano. En los últimos cuatro años, nuevos modelos de infección por E. histolytica han comenzado a esclarecer cómo los trofozoítos amebianos causan enfermedades intestinales y abscesos hepáticos, y han ampliado nuestra comprensión de la extraordinaria capacidad de muerte de este parásito.

En un trabajo reciente sobre las interacciones entre E. histolytica e intestino humano, y entre E. histolytica y hepatocitos, se analizaron aquellos estudios que muestran el papel de la inflamación y la muerte celular programada en la patogénesis de la amebiasis.

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Cuando se ingiere el quiste, pasa ileso a través del estómago y no muestra actividad mientras está en un ambiente ácido, pero cuando alcanza el medio alcalino del intestino, el metaquiste comienza a moverse dentro de la pared del quiste, que se debilita y desgarra rápidamente. La ameba quadrinucleate emerge y se divide en amebulas que son barridas hacia el ciego. Esta es la primera oportunidad que tiene el organismo para colonizar, y su éxito depende de uno o más trofozoítos metaquímicos que entran en contacto con la mucosa.

El quiste maduro en el intestino grueso deja al huésped en gran cantidad (el huésped permanece asintomático). El quiste puede permanecer viable e infeccioso en un ambiente húmedo y fresco durante al menos 12 días y en agua durante 30 días. Los quistes son resistentes a los niveles de cloro normalmente utilizados para la purificación de agua. Se eliminan rápidamente por purificación, desecación y temperaturas por debajo de 5 y por encima de 40 grados.

Los trofozoítos metacísticos de sus progenies alcanzan el ciego y los que entran en contacto con la mucosa oral penetran o invaden el epitelio por digestión lítica, suelen hundirse  más profundamente, con tendencia a diseminarse lateralmente o continuar la lisis de las células hasta que alcanzan la submucosa formando úlceras con forma de flash. Puede haber varios puntos de penetración.

Desde el sitio primario de la invasión, las lesiones secundarias pueden producirse en el nivel inferior del intestino grueso. Las progenies de las colonias iniciales se exprimen hasta la porción inferior del intestino y, por lo tanto, tienen la oportunidad de invadir y producir úlceras adicionales. Eventualmente, todo el colon puede estar involucrado, y en ocasiones pensar que un cáncer de estómago pudo diseminarse a otos tejidos.

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Asimismo, E. histolytica  ha demostrado que puede invadir en prácticamente todos los órganos blandos del cuerpo. Los trofozoítos que alcanzan la mucosa muscular suelen erosionar los vasos linfáticos o las paredes de las vénulas mesentéricas en el piso de las úlceras, y se transportan a la vena porta intrahepática.

Si se producen trombos en las ramas pequeñas de las venas porta, los trofozoítos en los trombos causan necrosis lítica en el tejido celular del hígado y digieren una vía dentro de los lóbulos, las colonias cambian de tamaño y se convierten en abscesos.

Se desarrolla un absceso hepático típico que consiste en:

  • Necrosis de la zona central
  • Mediana zona de estoma solo
  • Una zona externa de tejido normal recién invadida por la ameba. La mayoría del absceso amebiano del hígado está en el lóbulo derecho.
  • Al lado del hígado, el órgano que es el sitio frecuente de la amebiasis extraintestinal es el pulmón. Esto comúnmente se desarrolla como una extensión del absceso hepático.

¿Cuáles son las causas?

Por lo cual, el parásito E. histolytica es un protozoo unicelular que usualmente entra a la anatomía del humano, por injerencia de quistes mediante alimentos o líquidos, también puede ingresas, cuando hay contacto específico con la materia fecal.

Los quistes suelen ser una etapa inactiva que tiene el parásito, para presentarse por bastante tiempo en el suelo o el ambiente, en donde se encuentran las haces. Este tipo de quiste microscópico, suele presentarse en el suelo, fertilizantes o agua contaminada que tiene este parásito por infección de las heces. Las personas que manipulan alimentos, pueden fácilmente transmitir los quistes, mientras preparan o han uso de ellos. Se puede trasmitir de igual manera durante actividades sexuales, como el sexo anal, sexo orale e irrigación del colón.

Cuando los quistes llegan al cuerpo, suelen ser huéspedes del aparato digestivo, por lo cual posteriormente liberan las formas invasivas y pasan a las fases activas del parásito, en el cual es denominado como trozofita. El parásito como tal suele generarse en el tracto digestivo, en donde se trasladan al intestino grueso, donde se entierran en los tejidos de la pared intestinal  o el colon, por lo cual se origina diarrea con sangre, colitis, destrucción del tejido o vómito con sangre -o sin- en ocasiones (Ver artículo: Síndrome de Mallory Weiss), donde pueden visualizarse algunas amebas.

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Epidemiologia

En los años 2010, originaron aproximadamente 56.000 muertes en todo el mundo, teniendo una tasa de mortalidad de 15% aproximadamente, en los años 90 el índice fue de 69.000 personas. En los estudios de años anteriores se determinó que al menos un 10% de la población puede estar infectada por el parásito Entamoeba histolytica, al igual que E. dispar, que puede provocar amebiasis de igual forma.

De igual manera, actualmente aunque sea hay existencia de 65.000 muertes anuales por infecciones del parásito, y son por la generación de abscesos hepáticos y otro tipo de complicaciones. Generalmente, es considerado un tipo de parásito tropical, por lo que la infección suele ser más común en áreas geográficas cálidas y en los países subdesarrollados, donde la higiene es paupérrima, por lo cual los quistes pueden sobrevivir durante más tiempo, en los ambientes frescos y húmedos.

¿Cuáles son sus síntomas?

La sintomatología de la amebiasis suelen aparecer un mes después de que se adquiere la infección parasitaria, solo el 20% de los pacientes que la adquieren suelen mostrar síntomas o signos, en esta etapa del padecimiento los signos suelen ser muy leves, incluyen heces blandas y cólicos del estómago.

En el momento que los trozofitas se quedan en las paredes del intestinto, pueden transportarse por el torrente de sangre y propagarse a otros órganos, normalmente se trasladan al hígado, al corazón, y al cerebro (pudiendo ocasionar isquemia cerebral). Cuando invaden un órgano interno, pueden originar:

  • Abscesos
  • Infecciones
  • Enfermedades severas
  • Muerte

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Si el parásito suele colocarse en las paredes del intestino, puede originar disentería amebiana, que es la forma más severa de amebiasis, presentando heces acuosas acompañada de sangre y cólicos en el estómago bastante grave. El hígado es un órgano el cual se frecuenta el parásito, la sintomatología de la enfermedad amebiana hepática, presenta fiebre o sensibilidad en las paredes internas del abdomen, generalmente la superior y en ocasiones la inferior.

Factores de riesgo

Cualquier persona puede padecer de amebiasis, y suele ser más usual en aquellos pacientes que provienen de países subdesarrollados, con condiciones sanitarias bastante paupérrimas. Normalmente, los índices de amebiasis en Estados Unidos y Europa, suele ser en los inmigrantes provenientes de estos países, al igual que en las personas que viajan con frecuencia a donde las condiciones son estas. Los hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres, se pueden contagiar ya que el sexo anal es una de las causas comunes de traslado del parásito.

La amebiasis es bastante común en los países tropicales, entre ellos está la India, países de América Central y del Sur, además de partes de África en su mayoría. Las personas con mayor riesgo de presentar amebiasis son aquellas que:

  • Viajaron con frecuencia o recientemente a países con condiciones sanitarias deficientes.
  • Inmigrantes de países tropicales que tienen saneamientos complicados.
  • Personas que viven en lugares con malas condiciones, como las cárceles.
  • Hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres.
  • Pacientes que tienen enfermedades de inmunodeficiencia, o tienen problemas con el sistema inmunológico

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Diagnóstico

El diagnóstico más sencillo se hace mediante la colonoscopia, que suele detectar úlceras, similares a la úlcera péptica, que oscilan entre 4 o 5 mm, pero su diagnóstico puede ser bastante complicado, porque la mucosa de las zonas puede verse hinchada o sana. Las infecciones humanas suelen no presentar síntomas al principio, por lo cual se diagnostican con el descubrimiento de los quistes encontrados en las heces. Se han desarrollado múltiples procedimientos de flotación o sedimentación, para regenerar los quistes de materia fecal.

Por consiguiente, en los exámenes microscópicos, las manchas ayudan a observar los quistes que se encuentran alejados. Como estos no son erradicados de manera constante, se toman tres muestras para tres depósitos. En las infecciones que suelen generar síntomas, se pueden observar los trofozoítos en las heces.

De igual manera, hay existencia de pruebas serológicas en donde no hay diferencia si la infección presenta síntomas o no, ya que la presencia de anticuerpos suele dar usualmente positivo. Estos niveles de anticuerpo, suelen ser bastante elevados en pacientes que tienen abscesos hepáticos. La serología se vuelve positiva luego de quince días de haber adquirido la enfermedad. Los estudios mas recientes, presentaron un kit donde hay existencia de proteínas de ameba, en las heces reacudadas, y otro que indica la existencia de ADN de ameba en las heces, aunque sus costos son un poco expensivos.

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Los exámenes microscopios de heces, son el examen más común que se usa a nivel mundial para determinar amebiasis. No obstante, no suele ser tan susceptible o preciso en el diagnóstico como otro tipo de pruebas que se presentan en la actualidad, es de su importancia que se distinga la existencia de los quistes de esta afección, que los de otros protozoos del intestino, no patógenos como Entamoeba coli porque son muy parecidos.

Los quistes de E. histolytica suelen tener un máximo de presencia de cuatro núcleos en sus células, a diferencia del otro que pueden manifestar unos ocho núcleos. Y en E. histolytica, el endosoma está localizado en el núcleo central, mientras que en el otro se encuentra descentrado.

Ahora bien, los cuerpos cromatoidales en los quistes de E. histolytica, suelen ser redondos, mientras que son de forma de rombo en el coli. No obstante, otras especies como la dispar o moshkovskii, suelen ser comunes y no se distinguen bajo el microscopio. Como es de conocimiento, la E. dispar suele ser más común que la histolytica, por lo cual suelen haber muchos diagnósticos incorrectos al no poder diferenciarse. La OMS determinó que si la afección fue detectada por microscopio y es asintomática, no debe ser tratada.

El diagnóstico de quistes o heces de trofozoítos en el microscopio, puede referir la evaluación de diferentes muestras en un período de tiempo bastante variado, para ver si se encuentra ahí, ya que los quistes se proliferan rápidamente y no están normalmente en todas las muestras. Usualmente, cuando la enfermedad se vuelve fuera del intestino, ya el microorganismo no puede encontrarse en las muestras.

Por consiguiente, las pruebas serológicas suelen ser más capaces para el diagnóstico por E. histolytica si se vuelve extraintestinal, ya que se descarta el organismo por diagnóstico de otras patologías. Se hacen pruebas de OVA y parásitos, o ensayos antígenos fecales por E. histolytica, que es el es más adecuado cuando hay presencia de afecciones en el intestino.

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Si bien, los anticuerpos pueden permanecer durante mucho tiempo luego de haberse tratado en la clínica, el resultado serológico puede arrojar positivos en los anticuerpos, pero esto no determina que la infección siga activa. No obstante, el resultado serológico negativo, puede ser muy importante para descartar invasión tisular por E. histolytica.

Amebiasis en el embarazo

Asimismo, el diez por ciento de la población mundial de las mujeres embarazas, incluidas el 2-5% en los Estados Unidos y Europa, hasta el 80% en algunos países tropicales, está infectada con el protozoo intestinal Entamoeba histolytica.  El hábitat principal del parásito es el íleon y el colon. Aunque la amebiasis con frecuencia se puede observar en un estado de portador asintomático, E. histolytica también puede inducir enfermedad que varía desde diarrea leve crónica hasta disentería fulminante. Ocasionalmente, ocurren complicaciones extraintestinales, como abscesos hepáticos.

De las siete especies de ameba que parasitan naturalmente la boca y el intestino humano, solo E. histolytica se ha asociado con enfermedades gastrointestinales. El debate se ha centrado en la posibilidad de que haya dos subespecies de E. histolytica. Uno es invasivo (patógeno), los trofozoítos son típicamente grandes, de hasta 50 μm de diámetro, y se caracterizan por la ingestión de eritrocitos y la invasión de tejido.

La segunda subespecie es no invasiva, de tamaño limitado entre 10 y 20 μm de diámetro y no eritrohofagocítica. Su patogenicidad, diferencia en tamaño y tendencia a ingerir tejido del hospedador también pueden ser determinados por factores ambientales complejos que incluyen virus o plásmidos que codifican para la virulencia.

De igual forma, E. histolytica existe en dos formas: el trofozoíto móvil y el quiste. El trofozoíto habita en la luz o pared del colon y se divide por fisión binaria; en presencia de tránsito rápido, se puede pasar sin cambios en heces líquidas. Prefiere condiciones anaeróbicas y requiere bacterias o sustratos de tejidos para satisfacer los requisitos nutricionales.

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En ausencia de diarrea, el trofozoíto por lo general se enquista y pasa en las heces. Los quistes contienen un solo núcleo, vacuolas de glucógeno y cuerpos cromatoides en forma de salchicha. A medida que el quiste madura, absorbe sus vacuolas citoplásmicas y se convierte en tetranucleado. En general, los quistes son altamente resistentes a los cambios ambientales, a las concentraciones de cloro encontradas en los sistemas de purificación de agua y al ácido gástrico.

La enfermedad generalmente se transmite por la ingestión de las formas del quiste debido a la contaminación fecal de alimentos o agua. El excremento se produce durante el tránsito a través del estómago y el intestino delgado, con la liberación de ocho trofozoítos, que migran al colon, donde se someten a fisión binaria cada 8 horas en la etapa de trofozoíto. El enquistamiento de estos organismos ocurre cuando las condiciones ambientales se vuelven desfavorables para la continua multiplicación de trofozoítos.

Generalmente, E. histolytica está presente en todo el mundo con una prevalencia paralela al nivel de saneamiento e higiene personal dentro de la comunidad. En zonas tropicales donde los niveles de saneamiento son bajos, pueden alcanzarse tasas tan altas como 50-80%. En los Estados Unidos, se estima que la prevalencia general es del 3-5%, excepto en comunidades de hombres homosexuales, instituciones para retrasados ​​mentales, reservas de nativos americanos y campos de trabajo migratorio, donde la prevalencia puede llegar al 40%.

Las epidemias han ocurrido en cualquier parte del mundo que se conoce por una alta prevalencia de infección, y se ve una enfermedad más grave en ciertas partes de América Central y del Sur, la costa oeste de África y el sudeste de Asia. Las razones de la mayor gravedad de la enfermedad en estas áreas no están claras.

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Los síntomas asociados con la infección intestinal con E. histolytica varían dramáticamente de persona a persona y de área a área. Quizás la enfermedad más común asociada con la enfermedad amibiana es la irritación del colon caracterizada por dolor en el cólico inferior del abdomen, con o sin diarrea. Las heces pueden estar sueltas, y puede haber moco y sangre.

En el examen físico, la sensibilidad abdominal puede estar presente. Durante el embarazo, la enfermedad amebiana parece asociarse con mayor frecuencia a las exacerbaciones agudas de la enfermedad y con síntomas más prominentes. Las mujeres embarazadas infectadas pueden tener heces disentéricas con sangre, con dolor abdominal moderado y sensibilidad.

La diarrea es marcada, y los signos secundarios incluyen pérdida de líquidos y desequilibrio electrolítico, que pueden afectar negativamente el resultado del embarazo. No hay documentación de la participación de la placenta o la transmisión del parásito al feto. Los ataques fulminantes de disentería amibiana pueden ser precipitados por el embarazo o la administración de corticosteroides.

La sigmoidoscopia puede mostrar una ulceración rectosigmoidea extensa y, en casos excepcionales, una destrucción extensa de la mucosa y submucosa colónica, con hemorragia masiva o perforación de la pared intestinal. Los ataques repetidos y severos de amebiasis intestinal pueden llevar a una colitis ulcerosa posdiesentérica. En casos raros, un ameboma se puede documentar en el ciego radiológicamente, y se puede diagnosticar erróneamente como adenocarcinoma del ciego.

Una complicación grave de la amebiasis es el desarrollo de un absceso hepático secundario a la migración de E. histolytica. La amebiasis hepática no parece ser una complicación frecuente de la amebiasis en el embarazo. Por el contrario, los abscesos hepáticos parece ser más común en la infección asintomática del colon que en la enfermedad intestinal sintomática.

El absceso puede desarrollarse de manera insidiosa, con fiebre, sudoración, pérdida de peso y hepatomegalia dolorosa. Ocurre de manera individual, y se localiza en la porción posterior del lóbulo derecho del hígado. Ocasionalmente, los abscesos se agrandan hacia arriba, produciendo un bulto en la cúpula diafragmática con derrames pleurales simpáticos.

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Otros abscesos se rompen a través del diafragma, produciendo un absceso pleural amebiano. Una complicación más grave de la amebiasis hepática incluye la ruptura en el pericardio y el peritoneno. Los signos clínicos asociados con estas ocurrencias son los de un paciente moribundo con signos de derrame pleural, taponamiento pericárdico o abdomen agudo, según el sitio de la ruptura. Los abscesos cerebrales también se han descrito como una complicación de la amebiasis extraintestinal. Pueden manifestarse como convulsiones o coma.

El diagnóstico de amebiasis intestinal  en el embarazo se basa en la identificación de E. histolytica en las heces o en una muestra de biopsia. El examen de heces múltiples es necesario porque los quistes y los trofozoítos pueden excretarse de manera variable. Las heces líquidas o semiformadas deben examinarse inmediatamente en una preparación salina húmeda para detectar la presencia de trofozoítos móviles.

Se deben colocar heces adicionales en alcohol polivinílico (PVA) o formalina y luego se concentran mediante centrifugación en formalina-éter, que es eficaz en la identificación de quistes. En pacientes sintomáticos, debe obtenerse una muestra durante la sigmoidoscopia y examinarse inmediatamente mediante un montaje directo en solución salina en una etapa de microscopio caliente para amebas que contienen eritrocitos móviles.

El diagnóstico de absceso hepático amebiano se basa principalmente en la sospecha y se debe distinguir de una lesión de masa en el hígado causada por un absceso piógeno o una neoplasia. La exploración radioisotópica, la tomografía computarizada y la ecografía del hígado son útiles para diagnosticar el absceso amebiano, que aparecerá como un único defecto en el lóbulo derecho.

Los resultados del examen de heces para amebas suelen ser negativos y, con frecuencia, el diagnóstico se basa en un resultado serológico positivo junto con un examen hepático característico. El resultado de la prueba de hemaglutinación indirecta se considera positivo si el anticuerpo está presente en una dilución de 1: 128 o superior. Se puede realizar una aspiración diagnóstica de hígado en el punto de sensibilidad localizada que producirá un líquido inodoro, pardusco (pasta de anchoa) característico del absceso amebiano.

Este líquido típicamente está desprovisto de amebas porque el parásito se localiza más frecuentemente en la cápsula del absceso. Deben evitarse los procedimientos invasivos, y se debe usar un ensayo empírico de metronidazol en casos de diagnóstico difíciles.

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La terapia de amebiasis en el embarazo debe estar dirigida al alivio de los síntomas; reemplazo de líquido, electrolitos y sangre; y erradicación del organismo. Muchos de los medicamentos recomendados como amebicidas pueden ser tóxicos durante el embarazo, y la terapia con medicamentos durante el embarazo debe adaptarse a la gravedad de los síntomas.

Las mujeres asintomáticas que son conocidas como transeúntes de quistes de E. histolytica deben recibir un tratamiento retrasado hasta después de las 14 semanas de gestación o hasta después del parto. Se puede administrar 750 mg de metronidazol tres veces al día por vía oral durante dos semanas. Un medicamento alternativo es paromomicina 25-30 mg / kg / día en tres dosis divididas en una semana. En pacientes con amebiasis sintomática prominente del intestino , metronidazol más paromomicina se debe administrar a las mismas dosis.

Un medicamento alternativo para la infección asintomática es yodoquinol 650 mg tres veces al día durante 20 días. Sin embargo, no hay información sobre la seguridad del yodoquinol en el embarazo. El uso de metronidazol solo para la enfermedad intestinal sintomática curará aproximadamente al 90% de los pacientes. La adición de uno de los amebicidas luminales, como la paromomicina, aumentará la tasa de curación al 100%

Se ha producido un absceso hepático amebiano en algunos pacientes que fueron tratados por disentería con metronidazol solo. Esta complicación probablemente se debe a una falla del metronidazol para eliminar organismos luminales en un pequeño número de casos.

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En la amebiasis extraintestinal, incluido el absceso hepático, el metronidazol durante 10 días es el fármaco de elección. En pacientes gravemente enfermos, la aspiración con aguja puede ser útil, pero en general no es necesario el uso repetido de la aspiración con aguja del hígado. De manera similar, se deben evitar los intentos quirúrgicos para corregir la perforación intestinal amibiana o la peritonitis.

El tratamiento más efectivo es mantener el drenaje del peritoneo además del uso de la terapia antimicrobiana apropiada. La dehidroemetina se ha recomendado para pacientes no embarazadas, pero está contraindicada en el embarazo.

El metronidazol es mutagénico en ciertas  bacterias  y ha causado tumores pulmonares en ratones, pero no en hámsters. Estos efectos no se han visto en humanos, y nunca se ha demostrado que sea un teratógeno en mujeres embarazadas o carcinogénico en humanos. Sin embargo, el uso del medicamento para situaciones que no ponen en peligro la vida tiene cierta controversia, y muchos médicos prefieren no utilizarlo durante el embarazo, particularmente durante el primer trimestre.

Si un paciente es tratado con metronidazol, debe evitar las bebidas alcohólicas porque se ha informado de un efecto tipo disulfiram (Antabuse). Además, la decoloración de la orina, el vértigo, las náuseas y la diarrea se han observado como efectos secundarios. Debido a esta preocupación, no se recomienda metronidazol durante el primer trimestre del embarazo. La dehidroemetina y el yodoquinol son apropiados para usar en pacientes no embarazadas, pero están contraindicados durante el embarazo.

La paromomicina, un amebicida luminal efectivo, se considera seguro de usar en el embarazo porque se absorbe poco en el tracto gastrointestinal. Otro fármaco de eficacia similar a la paromomicina es el furoato de diloxanida, administrado en dosis de 500 mg tres veces al día durante 10 días. Este medicamento es un amebicida luminal, y debido a que la absorción del tracto gastrointestinal es baja, se cree que es seguro para usar durante el embarazo. Sin embargo, no hay datos disponibles sobre los posibles efectos teratogénicos.

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Entamoeba histolytica

Entamoeba histolytica es un amebozoan anaeróbico parásito, parte del género Entamoeba.  Predominantemente infectando a humanos y otros primates que causan amebiasis, se estima que E. histolytica infecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo.

Anteriormente, se pensaba que el 10% de la población mundial estaba infectada, pero estas cifras son anteriores al reconocimiento de que al menos el 90% de estas infecciones se debieron a una segunda especie, E. dispar. Los mamíferos como perros y gatos pueden infectarse transitoriamente, pero no se cree que contribuyan significativamente a la transmisión. La palabra histólisis significa  degeneración  de los tejidos orgánicos del cuerpo.

La etapa activa (trofozoíto) existe solo en el huésped y en las heces sueltas y frescas; los quistes sobreviven fuera del huésped en el agua, en el suelo y en los alimentos, especialmente en condiciones húmedas en el segundo. La infección puede ocurrir cuando una persona pone algo en la boca que ha tocado las heces de una persona que tiene E. histolytica, traga algo, como agua o alimentos, que está contaminado con E. histolytica o traga E. histolytica quistes (huevos) recogidos de superficies o dedos contaminados.

Los quistes se eliminan rápidamente por el calor y las temperaturas bajo cero, y sobreviven unos pocos meses fuera del huésped.  Cuando se tragan los quistes, causan infecciones por excreción (liberación de la etapa de trofozoíto) en el tracto digestivo. La naturaleza patógena de E. histolytica fue reportada por primera vez por Lösch en 1875, pero no recibió su nombre latino hasta que Fritz Schaudinn lo describió en 1903.

Asimismo, su nombre indica que destruye los tejidos,y se caracteriza por ser un agente patógeno. La infección puede presentar síntomas o no, y generar una disentería amebiana o un absceso del hígado. Los síntomas usualmente incluyen disentería fulminante, heces con sangre, pérdida de peso descontrolada, cansancio y dolor abdominal.

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La ameba en realidad puede “perforar” la pared intestinal, causando lesiones y síntomas intestinales, y puede llegar a la corriente sanguínea. Desde allí, puede alcanzar diferentes órganos vitales del cuerpo humano, generalmente el hígado, pero a veces los pulmones, el cerebro, el bazo, etc. Un resultado común de esta invasión de tejidos es un absceso hepático, que puede ser fatal si no se trata. Los glóbulos rojos ingeridos a veces se ven en el citoplasma de la célula de la ameba.

Se sabe que las malas condiciones sanitarias aumentan el riesgo de contraer amebiasis E. hystolytica.  En los Estados Unidos, hay una tasa mucho más alta de mortalidad relacionada con la amebiasis en California y Texas, que podría ser causada por la proximidad de esos estados a las áreas endémicas de E. histolytica, como México, otras partes de América Latina, y Asia.

De igual manera, se reconoce como un patógeno emergente de transmisión sexual, especialmente en las relaciones homosexuales masculinas, que causa brotes en regiones no endémicas. Como tal, el comportamiento sexual de alto riesgo también es una fuente potencial de infección. Aunque no está claro si existe un vínculo causal, los estudios indican una mayor probabilidad de estar infectado con E. hystolytica si uno también está infectado con el VIH.

El genoma de E. histolytica se secuenció, ensambló y anotó automáticamente en 2005. El genoma se volvió a ensamblar y reannotar en 2010.  El ensamblaje del genoma de pares de bases de 20 millones contiene 8,160 genes predichos; se han mapeado y caracterizado elementos transponibles conocidos y novedosos, se han revisado y actualizado tareas funcionales, y se ha incorporado información adicional, que incluye vías metabólicas, asignaciones de Ontología génica, curación de transportadores y generación de familias de genes.

El grupo principal de elementos transponibles en E. histolytica no son retrotransposones LTR. Estos se han dividido en tres familias llamadas EhLINEs y EhSINE (EhLINE y EhSINE).  EhLINE1 codifica una proteína endonucleasa (además de la transcriptasa inversa y la ORF1 de unión a nucleótidos), que tienen similitud con la endonucleasa de restricción bacteriana. Esta similitud con la proteína bacteriana indica que los elementos transponibles se han adquirido de los procariotas mediante la transferencia horizontal de genes en este parásito protozoario.

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En la gran mayoría de los casos, la infección es asintomática y el transportista no sabe que está infectado. Sin embargo, en aproximadamente el 10% de los casos, E. histolytica causa enfermedad. Una vez que los trofozoítos se extirpan, colonizan el intestino grueso, permanecen en la superficie de la capa de moco y se alimentan de bacterias y partículas de alimentos.

Ocasionalmente, y en respuesta a estímulos desconocidos, los trofozoítos se mueven a través de la capa de moco donde entran en contacto con la capa de células epiteliales y comienzan el proceso patológico. E. histolytica tiene una lectina que se une a los azúcares de galactosa y N-acetilgalactosamina en la superficie de las células epiteliales. La lectina normalmente se usa para unir bacterias para su ingestión.

El parásito tiene varias enzimas, como proteínas formadoras de poros, lipasas y cisteína proteasas, que normalmente se utilizan para digerir bacterias en vacuolas alimentarias pero que pueden causar lisis de las células epiteliales al inducir necrosis celular y apoptosis cuando el trofozoíto entra en contacto con ellas, y se une a través de la lectina. Las enzimas liberadas permiten la penetración en la pared intestinal y los vasos sanguíneos, a veces en el hígado y otros órganos.

Los trofozoítos luego ingerirán estas células muertas. Este daño a la capa de células epiteliales atrae a las células inmunes humanas y éstas a su vez pueden ser lisadas por el trofozoíto, que libera las enzimas líticas propias de las células inmunes en el tejido circundante, creando un tipo de reacción en cadena que lleva a la destrucción del tejido. Esta destrucción se manifiesta en la forma de una “úlcera” en el tejido, típicamente descrita como en forma de matraz debido a su apariencia en la sección transversal.

La destrucción de este tejido también puede involucrar vasos sanguíneos que conducen a diarrea sanguinolenta, disentería amibiana. Ocasionalmente, los trofozoítos ingresan en el torrente sanguíneo donde son transportados típicamente al hígado a través del sistema portal. En el hígado se produce una secuencia patológica similar, que conduce a abscesos hepáticos amebianos.

Los trofozoítos también pueden terminar en otros órganos, a veces a través del torrente sanguíneo, a veces a través de la rotura del absceso hepático o fístulas. En todas las ubicaciones, una patología similar puede ocurrir. E. histolytica puede modular la virulencia de ciertos virus humanos y es ella misma un huésped de sus propios virus.

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Por ejemplo, el SIDA acentúa el daño y la patogenicidad de E. histolytica. Por otro lado, las células infectadas con el VIH a menudo son consumidas por E. histolytica. El VIH infeccioso sigue siendo viable dentro de la ameba, aunque no ha habido pruebas de reinfección humana por parte de la ameba que porta este virus.

Una explosión de investigación sobre virus de E. histolytica proviene de una serie de artículos que se publicaron desde 1972 hasta 1979. En 1972, formularon la hipótesis de dos cepas virales poliédricas y filamentosas separadas dentro de E. histolytica que causaron la lisis celular. Tal vez la observación más novedosa fue que existían dos clases de cepas virales, y que dentro de un tipo de ameba (cepa HB-301) la cepa poliédrica no tenía ningún efecto perjudicial sino que conducía a la lisis celular en otra (cepa HK-9).

Aunque se intentó explorar la posibilidad de que estos virus protozoarios pudieran funcionar como bacteriófagos, pero no encontraron cambios significativos en la virulencia de Entamoeba histolytica cuando se infectaron con virus. Sin embargo, desde entonces no se han llevado a cabo investigaciones publicadas más recientes sobre esta especie.

El diagnóstico se confirma mediante examen microscópico de trofozoítos o quistes en especímenes fecales frescos o convenientemente conservados, frotis de aspirados o raspados obtenidos por proctoscopia y aspirado de abscesos u otra muestra de tejido.

También se encuentra disponible una prueba de sangre, pero solo se recomienda cuando su proveedor de atención médica considere que su infección puede haberse diseminado más allá del intestino (intestino) a algún otro órgano de su cuerpo, como el hígado. Sin embargo, este análisis de sangre puede no ser útil para diagnosticar su enfermedad actual porque la prueba puede ser positiva si tuvo amebiasis en el pasado, incluso si no está infectado ahora.

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Hay una cantidad de medicamentos efectivos. En general, varios antibióticos están disponibles para tratar la entamoeba histolytica. El individuo infectado será tratado con un solo antibiótico si la infección con E. histolytica no ha enfermado a la persona y probablemente se le hayan recetado dos antibióticos si la persona se ha estado enfermando.  De lo contrario, a continuación hay otras opciones para tratamientos.

Infección intestinal: Usualmente se usan derivados de nitroimidazol porque son altamente efectivos contra la forma de trofozoíto de la ameba. Como tienen poco efecto sobre los quistes de amebas, generalmente este tratamiento es seguido por un agente (como la paromomicina o el furoato de diloxanida) que actúa sobre el organismo en la luz.

Absceso hepático: Además de dirigir organismos en el tejido sólido, principalmente con medicamentos como el metronidazol y la cloroquina, el tratamiento del absceso hepático debe incluir agentes que actúen en la luz del intestino (como en el párrafo anterior) para evitar la reinvasión. El drenaje quirúrgico generalmente no es necesario sary, excepto cuando la ruptura es inminente.

Personas sin síntomas: Para personas sin síntomas (también conocidas como portadores, sin síntomas), las áreas no endémicas deben tratarse con paromomicina, y otros tratamientos incluyen furoato de diloxanida y yodoquinol. Ha habido problemas con el uso de yodoquinol y yodoclorhidroxiquina, por lo que no se recomienda su uso. El furoato de diloxanida también puede ser utilizado por personas levemente sintomáticas que solo están pasando quistes.

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Tratamiento

El tratamiento de la amebiasis incluye terapia farmacológica, intervención quirúrgica y medidas preventivas, según corresponda. La mayoría de las personas con amebiasis pueden ser tratadas de forma ambulatoria. Varios escenarios clínicos pueden favorecer la atención hospitalaria, de la siguiente manera:

  • Colitis severa e hipovolemia que requieren reemplazo de volumen intravenoso (IV)
  • Absceso hepático de etiología incierta o que no responde a la terapia empírica
  • Colitis fulminante que requiere evaluación quirúrgica
  • Peritonitis y sospecha de ruptura amibiana del absceso hepático

La amebiasis intestinal puede tratarse erróneamente como si fuera enfermedad inflamatoria intestinal (EII). En consecuencia, en todos los pacientes con sospecha de EII, se debe realizar una endoscopia gastrointestinal (GI) inferior antes de iniciar el tratamiento con esteroides.

Las siguientes consultas médicas pueden ser útiles, con especialistsa en enfermedades infecciosas, cirujano general o especialista en gastroenterología. Se recomienda un examen de heces de seguimiento después de completar la terapia para asegurar la erradicación intestinal. No se recomienda una dieta especial.

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En áreas endémicas, las infecciones asintomáticas no son tratadas. En áreas no endémicas, sin embargo, la infección asintomática debe ser tratada; los agentes luminales que son mínimamente absorbidos por el tracto GI (ejemplo paromomicina, yodoquinol y furoato de diloxanida) son los más adecuados para dicha terapia. Esta recomendación se basa en 2 argumentos: primero, que la enfermedad invasiva puede desarrollarse y, en segundo lugar, que el desprendimiento de quistes de E histolytica en el medio ambiente es un problema de salud pública.

Las infecciones por E dispar asintomáticas no deben tratarse, pero debido a que este organismo es un marcador de contaminación fecal-oral, se deben iniciar esfuerzos educativos.  El metronidazol es el pilar de la terapia para la amebiasis invasiva.  El tinidazol ha sido aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) para la amebiasis intestinal o extraintestinal. Otros nitroimidazoles con vidas medias más largas (es decir, secnidazol y ornidazol) no están actualmente disponibles América del norte.

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La terapia con nitroimidazol conduce a la respuesta clínica en aproximadamente el 90% de los pacientes con colitis amebiana leve a moderada. Debido a que los parásitos intraluminales no se ven afectados por los nitroimidazoles, el tratamiento con nitroimidazol para la colitis amebiana debe ir seguido de un tratamiento con un agente luminal (paromomicina o furoato de diloxanida) para prevenir una recaída.

El absceso hepático amebiano de hasta 10 cm se puede curar con metronidazol sin drenaje.  La defervescencia clínica debe ocurrir durante los primeros 3-4 días de tratamiento. El fracaso de la terapia con metronidazol puede ser una indicación para la intervención quirúrgica. El tratamiento con un agente luminal también debe seguir.

La cloroquina también se ha utilizado en pacientes con amebiasis hepática. La dehidroemetina  se ha utilizado con éxito pero, debido a su posible toxicidad miocárdica, no se prefiere. Se pueden agregar antibióticos de amplio espectro para tratar la sobreinfección bacteriana en casos de colitis amebiana fulminante y sospecha de perforación.

La coinfección bacteriana del absceso hepático amebiano se ha observado ocasionalmente (antes y como una complicación del drenaje), y la adición de antibióticos al régimen de tratamiento es razonable en ausencia de una respuesta rápida al tratamiento con nitroimidazol.

La amebiasis suele responder de manera adecuada a los tratamientos, puede desaparecer en aproximadamente quince días, su pronóstico suele ser generalmente bueno aunque se sufra de otras complicaciones parasitarias, si se siguen las medidas adecuadas, puede erradicarse en su totalidad. Acompañado de los fármacos, se recomienda tener una buena higiene, ya que es una afección que puede causar la muerte si no se le da la atención necesaria.

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Prevención

La prevención adecuada radica principalmente en en medidas de sanidad adecuadas, que son la clave para evitar la amebiasis. Como regla general, lávese bien las manos con agua y jabón después de usar el baño, y  antes de manipular alimentos, además se se dan las siguientes recomendaciones:

  • Lavar con abundante agua las frutas o verduras antes de ingerir.
  • Si no son lavadas por usted, evite comerlas.
  • Colóquele yodo al agua o preferiblemente hiérvala.
  • Evitar el hielo o bebidas filtradas.
  • Los productos lácteos no pasteurizados, deben evitarse a toda costa.
  • Si va a comprar productos alimenticios a vendedores ambulantes, se recomienda lavarlos con suma importancia.

Finalmente, para mejor comprensión del texto te dejo el siguiente vídeo..